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EL DIA DEL PSICOLOGO EN EL MUNDO
Blog de Psicología Organizacional y Recursos Humanos.
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La segunda guerra por el talento ya está aquí. Al menos, eso es lo que aseguran las empresas especializadas en gestión de personal. ¿Cuál es la mejor herramienta para enfrentarse a la escasez de candidatos? Los programas de gestión de empleados de alto potencial, o lo que es lo mismo, aquellos que permiten detectar a los trabajadores brillantes en las etapas iniciales de su carrera, facilitan el desempeño de su trabajo al máximo de sus posibilidades e impulsan un crecimiento paso a paso hacia una categoría profesional superior.
Como señala Fernando Guijarro, Director del Área de Consultoría de Hudson España, 'los datos demográficos señalan que estamos a las puertas de la segunda guerra por el talento a nivel internacional y también en España. Las empresas deberían tenerlo en cuenta y poner los medios para atraer, retener al capital humano y, sobre todo, desarrollar el potencial desde dentro de la empresa, creando un programa interno de gestión de alto potencial'. En este sentido, Hudson recomienda seleccionar a los empleados a través de cuatro variables: capacidad de aprendizaje, inteligencia emocional, coeficiente intelectual y actitud.
Los expertos de la consultora aseguran que una vez que se ha evaluado a un empleado, se le ha designado como de alto potencial y la organización ha invertido en su desarrollo, es necesario realizar una medición más detallada al cabo de unos tres años. A partir de ahí se debe elaborar el plan de carrera y de desarrollo propuesto. Una posterior medición se debería de hacer en torno a los 35-45 años de edad del empleado, para realizar la planificación final de su futura trayectoria. Finalmente, Hudson recomienda otra medición formal para evaluar y verificar si el candidato llegará a la alta dirección de la organización.


En las últimas semanas, un e-mail con fotografías sobre las oficinas de esta compañía en Zúrich (Suiza) ha recorrido toda la red, despertando la envidia de los trabajadores españoles. Salas de masajes y de relajación; dos áreas de descanso con billares, futbolines, bebidas y comida gratis; salón de juegos, con playstations y pantallas gigantes; biblioteca, etcétera. Éstas son algunas de las opciones que tienen los empleados del gigante de Internet, que disponen del 20% de su tiempo laboral para proyectos personales y otro 10% de libre disposición, para hacer precisamente lo que les dé la gana.
Aunque puede no parecer muy serio, con tan sólo 10 años de vida Google ha protagonizado el crecimiento más rápido de la historia y ya factura más de 6.400 millones de euros, según Deloitte. Y si bien no cuenta con las mismas facilidades, en España también se preocupa por el bienestar de sus colaboradores. "En Google se fomenta el trabajo en equipo y la creatividad, que son elementos esenciales para que las ideas crezcan y se desarrollen", afirma su director de la división de telecomunicaciones y media, José Antonio Martínez.
Para lograrlo, "los trabajadores tienen que estar cómodos con lo que hacen y con el ambiente que les rodea". De ahí que sus oficinas en Madrid cuenten con "espacios abiertos, rincones de descanso y salas de juego, donde las personas puedan desconectar y relajarse", añade Martínez.
Y es que convertir el trabajo en una actividad divertida no es ninguna broma. La mayoría de seres humanos pasa más tiempo en compañía de su jefe y sus compañeros que con su propia familia. Y para los que no trabajan en Google -u otras compañías como Air Nostrum, Hospitales USP, Ikea o Ben & Jerry's, reconocidas por promover el buen humor en la oficina- "o la actividad en sí es mecánica y aburrida, o las dinámicas tóxicas de la organización corrompen toda posibilidad de diversión", afirma el profesor de Psicología en Saint Luis University, Eduardo Jáuregui.
"Lo normal, aunque sea antinatural, es que predomine el cansancio, el mal rollo, las caras largas, así como la sensación de que no queda más remedio que vivir la profesión de forma estresada, marginando por completo el sentido del humor", lamenta Jáuregui, coautor de Alta diversión. Los beneficios del humor en el trabajo (Alienta). Y tampoco se trata de imitar el modelo googleniano, pues no está al alcance de todos los bolsillos. En el fondo, es algo más sencillo.
En opinión de este experto, "está demostrado que poder gastar bromas, ser espontáneos, jugar e incluso tomar cierta distancia de lo que se está haciendo, para quitarle hierro al asunto, mejora la salud mental de las personas, reduciendo el estrés y la ansiedad y eliminado del organismo la energía negativa". No en vano, "reír favorece la secreción de la serotonina, una hormona con efectos calmantes, que provoca que nos sintamos mejor con nosotros mismos y, por ende, con el entorno en el que nos encontramos".
Y no sólo eso: "No hay nada que potencie más la creatividad que disfrutar en compañía del buen humor", apunta Jáuregui. Por experiencias que ha vivido junto a sus clientes, "las decisiones importantes se toman mejor después de echar unas risas". Y concluye: "Un trabajo que no da alicientes para pasar un rato agradable y distendido termina por convertirse en una esclavitud: es la muerte en vida".





Cambio de estrategia
Hasta hace algunos años, todas las estrategias para evitar el éxodo de trabajadores estaban directamente vinculadas a aumentos salariales. Sin embargo, con el tiempo los especialistas en recursos humanos comenzaron a notar que este tipo de políticas no lograban solucionar el tema de la fuga de talentos, sino que los empleados esperaban otra clase de compensaciones y retribuciones.
Los datos recogidos por la consultora refuerzan esta afirmación. Según un estudio realizado por Adecco, entre 2.500 empleados de entre 22 y 55 años con una antigüedad promedio de tres a cinco años de carrera, la mayoría de los trabajadores argentinos, dijo que a remuneración no resulta ser el primer factor que determina la elección de una compañía o la renuncia a su puesto laboral.
“Los directores y gerentes de recursos humanos deben pensar en rearmar sus estrategias y políticas de compensación, desarrollando acciones que trasciendan al salario como punto neurálgico de las mismas. Hoy deben apuntar a la fidelización de sus talentos utilizando nuevas herramientas”, explicó Besler.
Compromiso
El informe de Adecco además revela los cambios que ha experimentado el mercado laboral en los últimos años. “La oferta es hoy mucho más amplia y variada y los empleados se sienten más libres de buscar aquellas propuestas que mejor se adapten a sus necesidades y exigencias. Por esta razón, la implementación de nuevas políticas de recursos humanos se ha vuelto vital para las compañías”, destaca el estudio.
En este sentido, la muestra arroja que el 52% de los egresos de las compañías, en el último año, fueron por causas voluntarias. De este porcentaje, el 45% se debió a nuevos negocios, el 35% se produjo por reemplazos y 20% fue a causa de cambios en la gestión.
El estudio indaga también acerca del compromiso de los empleados con la empresa, un tema que preocupa notablemente a la mayoría de las firmas.
Los datos no son alentadores. De acuerdo con el informe, sólo el 23% de los encuestados se sienten comprometidos con sus compañías, mientras que el 20% no se siente reconocido ni comprometido con la empresa y un 18% trabaja sólo por desafío personal.
Preocupación
El estudio de Adecco resulta crucial para poder definir cuáles son los aspectos que más valoran los empleados y qué factores son determinantes a la hora de decidir su continuidad laboral dentro de una compañía.
El informe señala que entre las principales preocupaciones de los consultados, a la cabeza se ubica el no poder alcanzar las metas personales, con un 47 por ciento. En tanto, el tema de las remuneraciones congeladas se sitúa muy por dejado, con un 23 por ciento.
La muestra además revela que, al momento de mencionar aquellas mejoras que realizarían en el puesto, ninguno de los encuestados hizo alusión al salario. De esta forma, el 36% afirmó que crearía mayores posibilidades de crecimiento, el 26% mejoraría el sistema de compensaciones y beneficios, y el 12% optimizaría las condiciones laborales.
El tema salarial tampoco ocupó el primer lugar de los factores determinantes para cambiar de trabajo. Sólo el 17% de los encuestados mencionó a las condiciones salariales como la variable principal por la que cambiarían de empleo. En cambio, el plan de carrera fue la razón más evocada (25% de los consultados) y, por debajo, el balance de vida laboral y personal (24 por ciento).
Otro de los puntos, vinculado con esta temática que aborda el estudio, es cómo consideran los empleados sus salarios frente a la media del mercado. En este sentido, un 10% cree que su salario se encuentra por encima del promedio, un 40% considera que está dentro del promedio y un 36% siente que está por debajo.
Estrategias
Entre las posibles estrategias a aplicar para lograr la fidelización de los empelados, Besler destacó:

En los últimos años, el coaching ha experimentado un importante crecimiento como herramienta a tener en cuenta por los empresarios y profesionales para conseguir mejorar los resultados de sus negocios y hacer más eficiente la dirección de sus equipos. Hoy día son muchas las pequeñas y medianas empresas que se animan a contar con un profesional especializado en entrenar a directivos y empresarios con el objetivo de orientar su actividad de negocio o buscar una formación específica que pueda resultar positiva para obtener mejores resultados ya sean financieros, comerciales, organizativos o relacionados con la propia estructura empresarial.
Por otro lado, la existencia de un mercado laboral cada vez más competitivo, junto con la creciente tendencia a apostar por una mejor calidad de vida laboral, ha llevado a que sean muchos los profesionales y emprendedores que decidan redirigir su trayectoria profesional hacia el coaching y enfocar su trabajo a encontrar la mejor solución a los problemas que surgen en el día a día de los empresarios.
Un coach debe reunir una serie de características fundamentales: capacidad de esfuerzo para lograr los objetivos planteados, capacidad analítica que le haga saber qué soluciones necesita cada empresa para mejorar resultados; saber comunicar, para conseguir hacer partícipe a su cliente de lo que falla en su empresa y cómo ésta puede mejorar; colaborador, reflexivo, persistente en conseguir los mejores resultados posibles, empático y como no, entusiasta y altamente implicado en su trabajo. Todas ellas con el fin último de conseguir la confianza de sus clientes y participar activamente en sus negocios, encontrando la solución adecuada para cada caso y sintiéndose durante ese tiempo como uno más de la empresa.
ActionCOACH, lleva desde 2004 ofreciendo a los emprendedores españoles la oportunidad de reorientar su futuro profesional hacia el coaching y pasar a formar parte de un equipo de profesionales especializados en colaborar con los pequeños y medianos empresarios.
El coaching se consolida así, cada vez más, como una buena opción profesional para todos los emprendedores y emprededoras que quieran encaminar su vida laboral a colaborar y ayudar a otros empresarios. Entrenar y formar a la pequeña y mediana empresa se dibuja así como una buena oportunidad de futuro para triunfar en el ámbito laboral y conseguir llevar esa satisfacción profesional también al ámbito personal.

¿Así que juras que no tienes nada que esconder?
Si es así, actúas correctamente, pues hoy en día es probable que tu futuro empleador hurgue en tu pasado.
Según un estudio publicado el invierno pasado por la Society for Human Resource Management (Sociedad de Administración de Recursos Humanos), un 80 por ciento de profesionales de Recursos Humanos dijeron que revisan los antecedentes penales de los empleados potenciales.

Hoy, más que nunca, el mercado laboral presenta una realidad compleja. Los empleados se jubilan cada día más tarde, los jóvenes asumen puestos directivos a más temprana edad y las jerarquías son cada día más flexibles y, en muchos casos, reemplazadas por “equipos de trabajo”.
Así, distintas generaciones se conjugan, mezclan, entrecruzan y conviven en un mismo ambiente laboral. Convivencia que puede generar ciertos roces y fricciones, ocasionados principalmente por la diferencia de valores que existen entre cada grupo.
Los especialistas afirman que hoy hay cuatro grupos generacionales conviviendo al mismo tiempo en la mayoría de las organizaciones: la Generación Tradicional (o Silent, en Estados Unidos), que corresponde a los mayores de 60 años, los Baby Boomers, que tienen entre 45 y 60; los profesionales X, de 28 a 44, y la Generación Y, integrada por los menores de 28 años.
¿Cómo evitar las fricciones? Los especialistas afirman que no existe una solución única ni recetas mágicas, pero que un paso esencial es la aceptación de la diversidad y la generación de espacios comunes donde todas las generaciones puedan interactuar y expresar su diversidad.
“Lo más importante es que las empresas generen un espacio de aprendizaje donde los mayores aprendan de las habilidades de los más jóvenes y viceversa. Si las empresas logran construir un espacio de intercambio, basado en el respeto, la confianza y las ganas de aprender, entonces lo que construimos es un espacio de aprendizaje mutuo”, señala Andy Freire, co-fundador y Chief Executive Officer de Axialent.
“Es importante que las empresas busquen los valores comunes que subyacen en las diferentes generaciones y así trabajar en el alineamiento”, agrega.
Aceptar la diversidad
Una de las fallas más comunes de las gerencias de recursos humanos de las empresas vinculada al manejo de distintas generaciones dentro de la organización es querer que todos adopten los mismos valores, afirman los especialistas.
Cada grupo tiene sus particularidades, modos de ver la vida y expectativas, por eso no es posible que todos compartan las mismas inquietudes o necesidades. En general la armonía no se logra a través de la imposición de valores sino a partir de la aceptación de valores diferentes.
“El principal problema es cuando se genera un contexto de arrogancia donde cada generación cree que su manera de ver el mundo es la forma en la que el mundo es en lugar de generar la curiosidad por aprender de otra generación y buscar espacios comunes”, opina Freire.
Otro error recurrente que suelen cometer los ejecutivos a la hora de motivar a las nuevas generaciones es pensar en qué hubiesen querido ellos cuando eran jóvenes. Es importante comprender que ninguna generación es igual a la otra y que las formas de actuar y pensar van cambiando con el tiempo.
Así, mientras la generación tradicional se muestra más conservadora y respetuosa de la disciplina y las jerarquías, los babyboomers relacionan el éxito con sus logros monetarios, la generación X se caracteriza por su escepticismo y tendencia consumista, y la Y por su irreverencia e individualismo.
Convivencia
Microsoft Argentina es un ejemplo de empresa donde este entrecruce generacional se hace patente. Según datos de la compañía, el promedio de edad de sus empleados es de 37 años y del total de trabajadores, el 20% son jóvenes pertenecientes a la generación Y.
Pero más que como un problema, en la empresa consideran esta amalgama generacional como una ventaja.
“En Microsoft promovemos una fuerza laboral diversa en todos los niveles de la compañía. Creemos que un ambiente laboral integrado por personas de diferentes edades conduce y facilita la innovación y la creatividad en nuestros productos y servicios”, dice Celia Siffredi, gerente de Recursos Humanos de Microsoft de Argentina.
“El resultado que podemos observar es un trabajo enriquecido por la convivencia de distintos grupos generacionales y esto es consecuencia de lo que promovemos: un ambiente de trabajo cooperativo, respetuoso y productivo”, agrega.
El éxito de esta convivencia se sustenta, en gran medida, en las políticas de conciliación y comunicación aplicadas desde la empresa.
“Para lograr la coexistencia entre grupos de personas de distintas edades es fundamental la tarea del líder, su rol es necesario para coordinar una armonía entre los grupos, valorándolos a todos por igual y teniendo en cuenta que deben convivir gran parte de sus días”, señala Siffredi.
Además la compañía destina un porcentaje del área de recursos humanos a la planificación de carrera profesional de su personal, que incluye capacitaciones sin costo para los empleados en diversas materias, y trainings sobre productos o temáticas de procesos específicos que los empleados necesitan para su trabajo.
En Arredo también trabajan para lograr un buen equilibrio entre las distintas generaciones que conviven dentro de la compañía. Y, según señalan, el resultado hasta el momento fue más que satisfactorio.
“Lo que se logra a través de la interacción de los distintos grupos es una empresa con visión de futuro y que está en constante evolución, sustentada por la estabilidad y la experiencia dada por los 40 años que lleva en el mercado”, afirma Sebastián Sasson, Gerente General de Arredo.
Desde sus inicios la compañía textil estuvo decidida a marcar una importante diferencia en el área de Recursos Hmanos, al tomar en cuenta para la atención de sus locales a personas a las que les resulta difícil ser aceptadas en el mercado laboral actual. Por eso, en sus búsquedas laboral, Arredo presta especial atención a aquellos postulantes de más de 50 años.
“Las generaciones mayores aportan principalmente conocimiento, experiencia, madurez y estabilidad. También son un pilar muy importante para poder afrontar los problemas que puedan surgir, pudiéndose adaptar a los cambios con rapidez. Y los jóvenes aportan creatividad, nuevas ideas, empuje y también conocimientos, dándole de esta forma dinamismo a la empresa”, opina Sasson.
Y resume: “De esta forma se logra un equilibrio interesante y a su vez muy dinámico”.

La neuroeconomía es una disciplina transversal que bebe de la neurología, la psicología y la economía; está aún en mantillas -surgió a finales de los noventa-, pero puja con fuerza en Estados Unidos, donde muchos campus se han apuntado a esta nueva religión tan cercana al mercado. Tantos, que la Society for Neuroeconomics, formada por 400 miembros, acaba de celebrar en Nueva York un congreso mundial. Como logo de la convocatoria, una balanza en equilibrio con dos platillos. En uno, un cerebro; en el otro, el símbolo del dólar.
Sea lo que fuere, no faltan quienes endosan a la neuroeconomía un carácter esotérico, casi teologal. Otros arriman el ascua a su provecho y formulan la disciplina en dosis de autoayuda: es el caso del periodista de EE UU Jason Zweig, autor del manual Su cerebro y su dinero: cómo la neuroeconomía puede ayudarle a hacerse rico, que batió récords de ventas en 2007. O de los coachers españoles Miguel Carrión y Salvador Estapé-Triay, responsables de la agencia Marginpilots, que ha asesorado a 300 empresas en dos años para aumentar sus márgenes de beneficio, y que se presenta como un "observatorio de neuroeconomía y neuropolítica".
Consultoras de marketing atienden a los reflejos condicionados en el cliente por la exhibición de imágenes de productos, desde refrescos a diseños de coches, mientras los inversores intentan determinar cuál es el mejor momento para mover ficha, por oposición a aquel en que es más aconsejable permanecer inactivo. Es sabido -aunque sólo sea por sentido común- que estados de excitación, cólera o desdén no resultan aconsejables para acometer empresas, y las financieras no son una excepción.
El instrumento básico de la neuroeconomía es el empleo de imágenes por resonancia magnética (IRM). La disciplina dio sus primeros pasos antes de ser formulada como tal con experimentos sobre la toma de decisiones en simios. Pero el término neuroeconomía no surge hasta 1998 como posible línea de investigación. Paul Zak, biólogo y fundador y director del Centro de Estudios Neuroeconómicos de la Universidad de Claremont (California) debuta en la materia con un estudio sobre la colocación de recursos escasos. Apenas una década después, se muestra aún más convencido de las virtudes de la materia que ha contribuido a crear. "La neuroeconomía es realmente útil para predecir el comportamiento financiero. Muchos empezamos a mirar al cerebro durante el proceso de toma de decisiones porque algunos de los modelos económicos tradicionales no predecían bien el comportamiento. Sobre todo con las decisiones que implican a otras personas, que es lo que suele suceder en los mercados. En los experimentos, la gente podría no contarnos por qué hizo lo que hizo, por eso decidimos estudiar directamente sus cerebros", explica Zak por correo electrónico.
Así que el comportamiento del parqué, ese sintagma predispuesto a veleidades y reacciones tornadizas y sorprendentes -un desplome imprevisto de valores; órdenes de compra aparentemente sin ton ni son, etcétera-, tendría, según los adeptos a la neuroeconomía, una base psiquiátrica. En otras palabras: obedecería a la acción de hormonas como la oxitocina, ligada también a la estimulación del parto, o a la sensación de bienestar que sigue al orgasmo.
Zak se arroga el descubrimiento de la relación causa-efecto entre la descarga de oxitocina y el depósito de confianza, una condición para cualquier operación financiera. "En 2004 mi laboratorio descubrió que la oxitocina es el agente químico cerebral que nos permite determinar en quién confiar y en quién no. La hormona nos motiva recíprocamente con aquellos que nos muestran confianza, apoyo social, económico o romántico", subraya.
La oxitocina desempeña un papel fundamental en el enamoramiento, pero... ¿tanto como para sellar asuntos económicos? "En un trabajo de 2001 demostré que la confianza interpersonal es el factor más importante que los economistas han descubierto para explicar por qué los países son ricos o pobres: la confianza estimula las inversiones, que producen prosperidad. Cuando la confianza es limitada hay pocos inversores dispuestos y los estándares de vida del país se estancan. Pero cuando la confianza es elevada, la economía tiene un lubricante natural", dice.
El descubrimiento de los efectos de la oxitocina sobre el comportamiento y la interacción social se debe, empero, al equipo de Ernest Fehr, de la Universidad de Zúrich (Suiza), que demostró que niveles elevados de esta hormona en sangre mejoran la capacidad de los individuos para confiar en otras personas. Así, la oxitocina funcionaría como ese lubricante del que habla Zak. La vaselina que ayuda a superar el temor a la traición.
El profesor de Psicología del Consumo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) Dan Ariely, autor de Las trampas del deseo (Ariel), una obra divulgativa sobre la toma de decisiones que ya se ha colado en la lista de libros más vendidos en España, sostiene que "tanto la comida, como las drogas, como la reciprocidad en general, cuando se perciben como recompensas, funcionan cerebralmente de la misma manera". De ahí que la principal baza de la neuroeconomía sea "el gran potencial que encierra, no lo que nos haya podido enseñar hasta la fecha. Es un campo todavía joven", afirma por teléfono el investigador del MIT.
Los españoles Carrión y Estapé recurren a la neuroeconomía en su vertiente más práctica: para la formación de ejecutivos o como herramienta de optimización del beneficio. "La neuroeconomía podría definirse como la inteligencia emocional aplicada a la toma de decisiones", contestan al alimón. Ambos firman el libro Pilotos del margen (Gestión 2000), que lleva como subtítulo, una muy gráfica declaración de intenciones: Un nuevo estilo para gestionar la empresa. "La generación de emociones conforma también los pensamientos, por eso nosotros aportamos emociones en forma de datos. El instinto puede permitirte, con poca información y en un tiempo récord, tomar la mejor decisión posible, y eso resulta muy interesante en épocas de crisis como la actual", dice Carrión. De lo que se trata es de "optar siempre por la decisión más eficaz, rentable y amigable". ¿Y eso cómo se consigue? "A través de atajos heurísticos [la heurística es la capacidad de un sistema de realizar innovaciones positivas para sus fines]; preguntas cerradas, aquellas que sólo pueden contestarse con sí o no, tabulando luego las respuestas finales; mediante hooks que se clavan en el cerebro del contrario, o el marketing visual, es decir, imágenes que motivan emociones", enumera Carrión secundado por Estapé.
¿Y en qué se sustancia este nuevo estilo de gestión? O mejor dicho, ¿cuánto cuesta? "Una conferencia motivadora de cuatro horas de duración sobre el contenido del libro, más un taller de dos días, cuesta 12.000 euros", cuenta Carrión. En los últimos dos años, 300 empresas, incluidos grandes laboratorios farmacéuticos y multinacionales de la alimentación, se han dejado tentar por el método de los pilotos del margen.
Carandini, empresa líder en iluminación urbana, es una de ellas. Su director general, Luis García, explica cómo sacar partido práctico a la neuroeconomía: "En un sector maduro como el nuestro introduce flexibilidad. Marginpilots nos ha ayudado a replantear el catálogo, que antes era cerrado, gracias a la introducción del llamado configurador de producto. Con él, el cliente se crea a sí mismo el producto que desea, en vez de transmitirnos lo que quiere. Esto en nuestro sector no se había probado nunca, pero a partir de nuestra experiencia, las filiales de Reino Unido y EE UU han adoptado el método. Con el configurador desplegamos un abanico de 250.000 opciones, así es imposible que el cliente no encuentre lo que quiere". El configurador de producto es una concreción del marketing visual al que aludían Carrión y Estapé, "un elemento diferencial, o valor añadido, que nos permite hallar el equilibrio entre la artesanía y la producción industrial masiva", explica el director general de Carandini. Es decir, ese algo distinto, pero posible, que casi toda empresa busca.
Pero no faltan opiniones críticas respecto a la neuroeconomía. Ismael Quintanilla, profesor del Departamento de Psicología Social de la Universidad de Valencia, se resiste a validar la neuroeconomía con un estatus académico, o científico, al uso: "Me suena muy raro, no sé lo qué es, me resisto a interpretarlo con códigos científicamente correctos", apunta. Quintanilla es especialista en psicología social de la economía.
"La neuroeconomía es una materia muy reciente y de la que se sabe poco. Si se enfoca desde la psicología biológica tiene una larga tradición; también existe una psicología económica desde hace mucho tiempo, pero como tal...", interrumpe su exposición, escéptico. Para el profesor, cuyo último libro se titula Psicología y economía (Universitat de Valencia), la mayor confusión en torno a la neuroeconomía se produce porque "solapa", es decir, come terreno, a materias más científicamente consolidadas como la que él imparte.
Hecha la salvedad, Quintanilla se muestra muy prudente sobre la excelencia de la novedosa materia: "La neuroeconomía parte de la base de que el cerebro influye en lo económico. Esto no es del todo afortunado, los componentes sociales son más importantes que los biológicos. La economía es una ciencia social, es decir, influye en mi comportamiento social, y viceversa", concluye. Ninguna universidad española acoge la asignatura de neuroeconomía como tal. En EE UU, en cambio, lo hacen las de Princeton, Nueva York, el Instituto de Tecnología de California o el MIT.
Los detractores confesos de la materia niegan incluso la evidencia que proporcionan pruebas incontestablemente científicas como las imágenes por resonancia magnética. "Imágenes que miden cambios de oxígeno en sangre. El resto es interpretación. Uno no puede ver al cerebro pensar, y lo más importante, uno necesita una buena teoría del comportamiento financiero para saber lo que tenemos que buscar en el cerebro", asegura Gerd Gigerenzer, director del Centro de Comportamiento Adaptativo y Cognición del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano de Berlín. "Sin una buena teoría, se pueden malinterpretar las correlaciones neurológicas. Estaremos buscando algo incorrecto. Buena parte de la neuroeconomía, en la estela del Homo economicus, aún espera optimizarlo todo. Sin embargo, hay pocas evidencias de que las decisiones se basen en este ideal", opina Gigerenzer autor de Decisiones instintivas (La inteligencia del inconsciente), publicado por Ariel. "Hay mucho entusiasmo ciego hacia la neuroeconomía, y muy poca esperanza de que pueda predecir el comportamiento financiero mejor que las teorías comportamentales", remata.
Por cada defensor de la neuroeconomía surgen el doble de detractores, al menos a este lado del Atlántico. Porque ¿de qué hablamos cuando hablamos de ella? ¿De supercherías? ¿Es un exceso de fe y credulidad? ¿Un camelo? ¿O la prueba de fuego de la ciencia, sometida siempre en sus inicios a una legión interminable de abogados del diablo?