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Entrevistas y evaluaciones psicotécnicas mediante, al momento de incorporar un empleado, tanto las consultoras externas como las áreas de Recursos Humanos de las empresas no dejan ningún detalle librado al azar. Sin embargo, muchas veces ellos ingresan igual y hoy casi no existe compañía que no tenga entre sus filas a un trabajador o -lo que es peor- un jefe tóxico.
Para Gloria Cassano, directora de la consultora de Recursos Humanos homónima, los tóxicossuelen ser, además de pesimistas, quejosos ante las tareas que deben realizar y mentirosos para encontrar excusas e inventarse situaciones.
Asimismo, la especialista explica que pueden ser empleados que experimentan envidia frente al éxito de un compañero y eso lo manifiestan como crítica y chismes que no siempre son reales.
Según Press, cuanto más abajo de la pirámide está la persona tóxica y, por lo tanto, menor nivel de compromiso tiene, más fácil resulta para la empresa resolver el caso y, si no revierte su conducta, “deshacerse de ella”.
Por el contrario, “cuando el tóxico es un jefe, gerente o director, más altas son las posiciones de quienes decidieron incorporar o promover a esa persona en la compañía y más difícil es que alguien reconozca y acepte que la elección fue errónea”, agrega.
Y como la resolución de estos casos suele ser complicada, en general las empresas contratan a un consultor o especialista externo.
Cassano también asegura que el problema más serio es cuando el tóxico es alguien que tiene gente a cargo, porque genera un clima desagradable que impide a sus colaboradores ser eficientes.
De acuerdo con la especialista, este tipo de jefes suele escatimar información y provocar roces con el criterio de "divide y reinarás". Además, no sólo tienen un sector que trabaja desorganizadamente sino que también muestran problemas para relacionarse con sus pares.
Cassano destaca que esta actitud genera "quintismo" y la empresa tiene problemas que recaen sobre los propios empleados, que deben trabajar más tiempo y con resultados pobres.
Asimismo, al estilo de liderazgo de aquel que cree que todo lo sabe, que es poco humilde para reconocer sus errores y que tiende a opinar de todo (de economía, de finanzas, marketing, recursos humanos, producción, ventas), también le calzaría bien la definición de tóxico ya que suelen ser difíciles de soportar.
Además -advierte el profesor de la escuela de negocios-, es una persona que no debería crecer en la compañía porque no cuenta con todas las competencias necesarias en la carrera directiva, que tienen que ver con poder dirigir, delegar y desarrollar personas.
Pero, ¿por qué estos perfiles llegan a posiciones de responsabilidad? Al igual que Meleg, Hatum cree que pueden ser necesarios o funcionales para las organizaciones cuando, por ejemplo, se deben tomar decisiones con un alto impacto negativo.
Y perduran porque muestran una buena performance ya que consiguen los resultados que los accionistas esperan. Esto suele ocurrir, sobre todo, cuando la organización no tiene del todo consolidados los valores que espera de un directivo.
Claro que, más allá de lograr los objetivos, estos ejecutivos intoxican. Y aunque la corrosión que generan no se ve de inmediato, en el mediano y largo plazo tiene un fuerte impacto nocivo en la reputación de la compañía en el mercado. Así, ésta termina por no ser atractiva como lugar para trabajar.
En opinión de Hatum, el mayor ruido se genera cuando el ejecutivo tóxico es promovido a un lugar que debe ser ejemplificador. En estos casos -remarca- la dirección debería hacer una evaluación seria acerca de los pro y contras de ascenderlo porque, “por más que tenga una performance inobjetable, termina generando un clima de trabajo que es un horror”.
“El tóxico puede llegar a tener también una personalidad abrasiva, ya que tiende a pasar por encima de gente y generar cadáveres en su ámbito laboral, más allá de que alcance los objetivos económicos y financieros que se le piden”, enfatiza el experto en comportamiento humano.
En estos casos, sugiere Hatum, las empresas deberían poner en la balanza la eficacia, por un lado, y, por el otro, el respeto por los procesos, los valores y la gente y analizar cuál de los dos aspectos es más importante.
De acuerdo con lo expresado por Meleg, siempre los que ocupan un lugar diferenciado y de mayor poder, como son los jefes, tienen mayor efecto sobre su entorno.
”No con ello hay que desconocer la influencia altamente negativa que puede tener un empleado. Pero en ese caso, justamente, si el jefe encara de manera adecuada la relación, puede neutralizar los efectos dañinos en buena medida y, eventualmente, ir reorientando conductas hacia el camino correcto”, explica la especialista.

Cualquier cambio implica un análisis previo para conocer los pros y los contras y tomar la mejor decisión para tu carrera. En cualquier caso lo más importante es definir por qué y para qué quieres obtener un nuevo empleo, dice la investigadora del Departamento de Desarrollo Laboral y Económico de la UAM, Carla Acuña.
Las principales causas para buscar un nuevo trabajogeneralmente están relacionadas con tener un salario mayor o porque el empleado no "encaja" en el entorno de la empresa, sin embargo es necesario saber que no siempre los cambios de compañía significan una evolución, dice el experto en Gestión del Capital Humano Nicolas Bonc.
Si crees que ya no eres compatible en tu trabajo o cada vez se vuelve más pesada tu rutina laboral será mejor que consideres un cambio de aire, ya que la presión constante yel estrés afectan no sólo tu desempeño como empleado, sino tu salud en general, advierte el psicólogo organizacional Victor Muriedas.
"Mucha gente le tiene miedo al cambio porque cree que no es el momento adecuado, ya sea por la crisis o por la etapa que vive (...), lo cierto es que decidirse no es fácil, y quien no se convenza de hacerlo jamás hallará el momento adecuado", dice Bonc.
A continuación te enumeramos algunas de las "señales"que te indican que es hora de cambiarte de trabajo...mientras aún puedes.
1.- No eres compatible: si tus valores no concuerdan con los de la empresa para la que trabajas, lo más saludable para ambas partes es buscar un lugar donde tu empleo no vaya en contra de tus principios. "Los empleados que trabajan bajo la idea de que lo que hacen es incorrecto tiene un rendimiento menor hasta en un 25% contra quienes están convencidos", dice Muriedas.
2. Otra señal de alarma es cuando siempre eres el elegido para hacer el trabajo que nadie quiere. Existen ocasiones en que la compañía presiona para que los empleados renuncien, aunque también se dan casos de colaboradores que hacen hasta lo imposible para que los despidan. Recuerda que todos alguna vez debemos hacer labores que no son de nuestro total agrado, pero si esta práctica es una constante en tu caso, lo mejor es que hables con tu jefe para ver qué está pasando o empieces a buscar un nuevo empleo. "Si tus ideas no son valoradas ni te toman en cuenta, no vale la pena seguir perdiendo el tiempo en un lugar donde nunca podrás desarrollar tu carrera", aconseja Acuña.
3. Otro síntoma inequívoco de que es hora de renunciar es cuando cada mañana buscas una excusa perfecta para no ir al trabajo. Aunque existen personas que aumentan su rendimiento bajo la presión constante, hay muchas otras que desarrollan no su talento, sino una úlcera o cualquier enfermedad relacionada con el estrés laboral.
4. Buscar nuevos desafíos es otra opción válida para cambiar de aires, dice Nicolas Bonc. Si tu posición en la compañía ha sido la misma durante muchos años puede ser que tu trabajo no sea apreciado, o que estés totalmente equivocado respecto a tu plan de carrera. Los expertos recomiendan apostar por aquellos trabajos que impliquen retos, pues el objetivo es buscar el desarrollo profesional y descubrir hasta dónde puedes llegar.
5. El ambiente laboral, que en algunos lugares es simplemente "tóxico", también es un punto fundamental para considerar el cambio de empleo. Muchos de los problemas que surgen en la oficina derivan de la poca comunicación que existe. Si has llegado a un punto en donde la relación con tu jefe y compañeros es inmejorable, lo más sano es despedirte de este lugar.
6. El equilibrio vida-trabajo es un factor muy importante para la permanencia en un empleo, sobre todo para los trabajadores de entre 25 y 35 años, que buscan una mayor estabilidad y espacio para el desarrollo personal, señala Acuña. Para decidir cuál es la mejor opción es necesario hacer una introspección en donde se ponga en la balanza los beneficios de un empleo que demanda 15 horas, contra uno que te permita tener tiempo para tus cosas personales.
7. La ubicación del trabajo es otro punto que no debes subestimar, aunque sea un empleo maravilloso si tardas tres horas diarias en llegar a él, pronto dejarás las ganas de laborar en el camino, en medio del tráfico y olvidado en la cajuela del automóvil. "Buscar un empleo cercano o de fácil acceso puede parecer un lujo o una banalidad para muchos, más ahora que el mercado está sufriendo una crisis, lo cierto es que a la larga el factor del tiempo de traslado puede jugar en contra de hasta el mejor empleado", finaliza el psicólogo organizacional.