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21 de febrero de 2011

Empleados adictos al trabajo: qué perfiles tienen y cómo impactan en las empresas


Trabajar más de 12 horas diarias aumenta en un 37% la posibilidad de padecer alguna enfermedad. Expertos consultados por iProfesional.com revelan cómo detectar a un workaholic. Cuáles son las soluciones para prevenir la adicción y aprender a poner límites a las tareas. Qué papel juegan las compañías

El deseo de ascender en la empresa y alcanzar mayores objetivos en el mundo corporativo lleva, inevitablemente, a que se extiendan las jornadas laborales y que los profesionales pasen más tiempo en sus oficinas que en sus propios hogares.

Trabajar, cumplir metas, avanzar y obtener mejores retribuciones económicas son fines esperables y necesarios para el grueso de los ejecutivos. Pero a veces se convierten en obligaciones autoimpuestas y excesivas que incluso, para algunas personas, se vuelven una adicción por la que el aspecto laboral pasa a ser prioritario en sus vidas.

Frente a semejante panorama, lo ideal es que los empleados sean capaces de controlar a tiempo este exceso de tareas. Sin embargo, existen perfiles que no pueden ponerse límites y para los que la adicción al trabajo se hace difícil de manejar. Son los denominados "workaholics", una tendencia moderna y absolutamente perjudicial para las personas.

Para Mónica Cruppi, investigadora y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), cada vez es más frecuente observar personas que trabajan en su tiempo libre.

"Si bien muchos lo hacen porque no les alcanza el dinero para hacer frente a sus obligaciones económicas, también hay perfiles que no pueden vivir sin trabajar; es decir, los ´laboradictos´", diferencia la especialista.

De acuerdo a la psicoanalista, existen personas que creen que el empleo es lo más importante en la vida y que todo lo demás es secundario. Y, según advierte un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), muchas de ellas acaban sufriendo un infarto.

De hecho, está comprobado en diversos estudios mundiales que trabajar más de 12 horas al día aumenta en un 37% la posibilidad de padecer alguna enfermedad.

Las 24 horas, los 365 días del año

Ante la consulta de iProfesional.com, Eduardo Press, director de la Escuela de Psicología Organizacional, define a un adicto al trabajo como aquel que no puede dejar de estar conectado con las tareas que tiene que hacer.

"Incluso cuando llega a su casa, un workaholic sigue en actividad y sus temas de conversación en los distintos círculos siempre giran en torno al trabajo", refuerza el experto.

Así, cuando la persona no está en contacto con su objeto de adicción -en este caso el empleo- cae en un estado de sufrimiento y angustia. Y, por ejemplo, no disfruta de las vacaciones. En palabras de Press, el período de descanso para los workaholics se convierte en un "verdadero tormento".

El éxito cuesta caro
"El trabajo como un objeto adictivo ofrece un escenario de placer ya que aporta dinero, libertad económica, reconocimiento social y puede llevar al éxito y al poder", destaca Cruppi desde la Asociación Psicoanalítica Argentina.

Y, en una sociedad en la que se privilegian los valores del consumo, la competitividad, la productividad, el éxito y la búsqueda de bienes materiales, la adicción muchas veces pasa desapercibida.

En esta línea, Press hace hincapié en que "hoy hay un fuerte estímulo de la competencia y un creciente temor a la famosa 'serruchada de piso'. Esto lleva a que la gente nunca abandone sus tareas e incluso se convierta en una especie de workaholic, no por desarrollo de personalidad sino por responder a lo que el cree que es la demanda".

Para Cruppi, en tanto, la adicción al trabajo también es "un modo de rellenar los sentidos frente al dolor y a las terribles angustias que algunas personas padecen, como un intento de llenar un vacío existencial".

Workaholics, cómo detectarlos
Irremediablemente, un workaholic pierde contacto con el placer y los proyectos de otras áreas de su vida: familiar, emocional, social, cultural. Su mundo se achica y empobrece. Poco a poco se va quedando sin la capacidad de disfrutar de la vida en general ya que su único goce lo constituye el trabajo.

El perfil de personalidad de estas personas incluye: altos grados de ansiedad, poca tolerancia a la frustración, impaciencia, hostilidad e hiperactividad.

Son susceptibles y muy vulnerables en relación al entorno y están dispuestos a obtener logros importantes a corto plazo.

Además, suelen ser muy exigentes, despectivos, autoritarios, incapaces de delegar y controladores. Asimismo, asocian el valor de una persona con su éxito profesional.

A pesar de ser perfiles difíciles abordar, existen patrones que indican cuándo una persona podría estar cayendo en una adicción al trabajo, como por ejemplo:

  • Trabajar permanentemente mucho más tiempo del establecido
  • Llevarse tareas a la casa en forma cotidiana
  • No tener tiempo para descansar o evitar tomarse vacaciones
  • Dejar de lado a la familia por asuntos laborales la mayoría de los fines de semana.

"Se dan casos aún más extremos en que viven pensando en sus tareas pendientes y los acompaña una sensación permanente de culpa, tensión o temor si no están trabajando, incluso en sus horas de descanso", advierte un informe difundido por el sitio de empleos Trabajando.com.

Y añade: "Es de vital importancia que las personas descubran a tiempo que su vida se está desequilibrando. Y, si ya no les es posible solucionarlo con sus propias herramientas, la mejor alternativa es buscar ayuda en un especialista, por ejemplo, un psicólogo".

Los efectos
Al gerente general de Trabajando.com Argentina, Pablo Molouny, no le caben dudas de que "la motivación y, por ende, la productividad se ven directamente afectadas por el exceso o la adicción al trabajo".

En su opinión, esto trae efectos nocivos como irritabilidad, falta de concentración y estrés, entre otros factores. Y suele presentar trastornos como la hipertensión, las alteraciones de los lípidos, el sedentarismo, somatizaciones (dolencias orgánicas) u otros procesos (ansiedad, depresión).

Qué rol juegan las empresas
"Son las compañías las que deben tomar medidas preventivas y fomentar la organización de las tareas de manera adecuada entre el personal, así como de promover actividades recreativas y, además, respetar los horarios de descanso de éstos", dice Molouny.

"El empleado -continúa el número uno de Trabajando.com en el país- tiene que saber cuándo detenerse y cuánta carga de trabajo es capaz de soportar. Por lo tanto, es necesario que aprenda a organizarse y no extralimitarse con las tareas para evitar consecuencias físicas o psicológicas".

En opinión de Press, la manera en la que las compañías aborden un caso de adicción al trabajo, dependerá de la cultura existente puertas adentro de la organización y del tipo de mensaje que los directivos envían hacia abajo, así como de las clases de conductas que estimulan y promueven.

"Si en una empresa se fomenta la proactividad al extremo, la rapidez y la competencia, los adictos al trabajo pasan más desapercibidos y se los confunde con gente que está comprometida y tiene puesta la camiseta de la empresa", explica el psicólogo experto en comportamiento organizacional.

"Pero -añade- en aquellos lugares donde la tendencia es más a la cooperación y donde se incluye la reflexión y el pensar sobre lo que se está haciendo, un workaholic resalta más y su tratamiento dependerá del grado de adicción".

¿Cuáles son las soluciones?
Según publica el portal de noticias 20minutos.es, para prevenir la adicción al trabajo, algunas de las soluciones pasan por:

  • Establecer un horario laboral fijo que se deberá cumplir sin excepciones y que tenga en cuenta las horas de descanso y tiempo libre.

  • Determinar qué funciones y responsabilidades reales competen al cargo y cumplir sólo con ellas, salvo alguna excepción acordada con la empresa o superiores.

  • Delimitar tareas diarias de forma que se puedan cumplir dentro del horario establecido para evitar la aparición de estrés.

  • Aprender a dejar algo pendiente y a no realizar todas las tareas con una perfección que signifique destinar excesivo tiempo a detalles poco importantes.

  • Aprender a delegar tareas a otros compañeros sin intención de controlar todo el trabajo, sino sólo supervisarlo.

  • Saber decir "no" a algunos pedidos hechos por otros.

  • Aprender a hacer respetar los derechos personales dentro del trabajo.

  • Proponerse metas laborales realistas a corto, medio y largo plazo.

  • Reforzar los vínculos personales y familiares para desear disponer de tiempo libre y estar con las personas importantes del entorno.

Otra buena alternativa es buscar actividades extra programáticas, ya sea solos o acompañados, para tener tiempos de diversión y descanso, de manera que el empleo no se transforme en la única filosofía de vida.

En definitiva, la premisa es trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Si el orden de estos factores es alterado, lo mismo ocurrirá con la salud física y mental del empleado.

Aseguran que los líderes pueden influir hasta un 70% en el clima labora

José Luis Roces, vicerrector del ITBA, afirmó que "el nivel de conciencia de los líderes de una empresa define y determina el comportamiento y su cultura"

El vicerrector del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) y director del Centro de Liderazgo de la misma institución, José Luis Roces, remarcó que siempre que un directivo desea realizar cambios, debe tener en cuenta el contexto en el que se encuentra.

"Los cambios no se realizan en una "caja de cristal", sino que hay que tener en cuenta que vivimos en el "mundo de la inmediatez", donde todo es "para ayer", surgen cambios sociales, avances tecnológicos y las crisis económicas son constantes", señaló Roces en el marco del evento del Work-Life Balance "Cómo encontrar el equilibrio entre la vida personal y la vida laboral", organizado por HSM.

Como parte de su exposición, el experto detalló cómo las demandas de los empleados cambiaron a lo largo del tiempo: "Antes, las prioridades de las personas pasaban por la organización donde trabajaban y las recompensas (considerados factores tangibles), mientras que ahora la mayor preocupación se centra en la profesión, un aspecto intangible, que se relaciona con la seguridad de que lo que hacemos nos permita crecer y desarrollarnos y con el trabajo, pudiendo ser éste más flexible."

Y añadió: "Las motivaciones son, hoy en día, más intrínsecas que extrínsecas ya que existe un "salario emocional" que moviliza emocionalmente a los trabajadores."

Con una experiencia de más de 40 años en empresas nacionales e internacionales, Roces enfatizó que para comprender los dilemas del presente, hay que tener en cuenta tres ciclos que actúan interactivamente y que afectan a la persona:

  • Ciclo personal (vida acelerada, adicciones, estrés)


  • Ciclo laboral (tensiones, conflictos, muchas horas de trabajo, descontento, modelo de management basado en el temor y "paranoia organizativa")


  • Ciclo familiar (ausencia de recreación familiar, conflicto de pareja, incomunicación).



"Las consecuencias de estos tres ciclos son un hombre fragmentado, estresado; una familia olvidada, a la cual no se le dedica el tiempo suficiente y organizaciones inadaptadas a las necesidades de sus empleados", adivirtió el vicerrector del ITBA.

Para poder reparar esto, Roces señaló que no cree que existan "los 10 pasos para lograrlo", sino que se trata de un proceso en el que recomienda tomarse el tiempo de registrar cuanto tiempo se le dedica a la persona, a la familia y al trabajo para encontrar el equilibrio.

En este proceso, que se denomina ciclo de vitalización, el foco debe estar puesto en los tres aspectos que hacen a la persona: el desarrollo personal (plan vital), el rol familiar (acuerdo con mi familia) y el rol profesional (contrato laboral).

Como detalló Roces, "para realizar un cambio personal se necesita de un tutor (pareja, amigo, colega), es decir, alguien que pueda ayudar en el camino de transformación hacia lograr convertirnos en un líder vital."

"Asimismo -continuó el especialista- es importante destacar que esta transformación es de carácter voluntario, teniendo control personal de la mente, el corazón, el cuerpo y, consecuentemente, del espíritu; Y, siempre teniendo en cuenta que esta transformación se lleva a cabo en un contexto, del cual no podemos escapar o negar."

Poniendo el foco en la empresa, y en cómo el estado anímico de los trabajadores influye en la misma, Roces expresó que el estilo de liderazgo hace a la cultura de la organización, y destacó que los líderes pueden influir hasta un 70% en el clima laboral.

Según su visión, "el nivel de conciencia de los líderes de una empresa define y determina el comportamiento y su cultura".

Y, a modo de conclusión, remarcó "la importancia de atraer, capacitar, desarrollar y retener el talento de las organizaciones, ya que se trata de un recurso escaso y personalizado" y que "nuevamente, lograrlo depende, esencialmente, del liderazgo."

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